jueves, 2 de diciembre de 2010

PROPUESTA PARA INSTALAR DISPENSARIOS Y QUE LA GENTE INGIERA ¡AGUA DE MAR!





El agua de mar contiene todos los elementos de la tabla periódica en forma orgánica y por tanto biodisponible; y en las proporciones exactas que el organismo necesita. Por tanto su ingesta no sólo puede ser una solución circunstancial al problema de desnutrición de millones de personas sino un sencillo remedio ante numerosas patologías. Que algo tan importante no lo asuma la sociedad es sencillamente incomprensible. De hecho el autor de este texto coordina una iniciativa que tiene por objeto construir oasis y dispensarios marinos en toda zona en la que haya desnutrición y/o hambruna. Una iniciativa digna de apoyo.

Todos nos hemos hecho alguna vez las clásicas preguntas de ¿quién soy?, ¿de dónde vengo? y ¿a dónde voy? Y una repuesta muy simple y puramente material podría ser la de soy agua de mar, vengo del mar y volveré al mar. Y es que las conexiones de nuestros organismos con el mar son más que evidentes y obedecen a hechos biológicos universales incuestionables. Actualmente un hecho se convierte en “ciencia” cuando se ha constatado cientos o miles de veces y se ha publicado en revistas de “prestigio” pero un hecho biológico es pura ciencia per se ya que se constata miles de millones de veces al día en todo el planeta. Y hoy hay al menos cuatro hechos biológicos sobre los que hay consenso universal:

1º) La primera célula apareció en el mar hará unos 3.800 millones de años (en la era Precámbrica).
2º) Nuestros cuerpos están constituidos en un 70-85% de un líquido salado(depende de la edad pues nos “secamos” a medida que envejecemos).
3º) La salinidad del mar cuando los primeros animales marinos se adentraron en tierra era del 9%. Idéntica pues a la salinidad de nuestro medio interno actual (9 gramos de sales marinas por litro de sangre).
4º) Nuestra sangre tiene los mismos minerales que el agua de mar.


CONEXIONES DE NUESTRO MEDIO INTERNO CON EL MAR

1ª conexión: la primera célula animal surgió en el mar.
En la actualidad existe consenso a nivel científico de que la vida apareció en la Tierra -cuando ésta se encontraba totalmente cubierta por las aguas y la temperatura era de unos 44º C- con el surgimiento de un ser unicelular que con el tiempo se multiplicaría pasando al estado pluricelular y daría luego lugar a seres con un sistema circulatorio compuesto por agua de mar en lugar de sangre. Hasta que finalmente, tras cientos de millones de años, tales seres se convertirían en “comunidades celulares andantes” con más de tres trillones de células: los organismos humanos. Células capaces de efectuar ya ¡más de diez mil reacciones bioquímicas por segundo! lo que indica el potencial que posee cada ser humano para autorreparar el cuerpo. Prueba de ello es que cada día mueren en él cientos de millones de células que se reponen sobre la marcha. ¿Cómo puede pues extrañarle a alguien que nuestro organismo sea capaz de curar por sí mismo el 90% de las enfermedades? (obviamente cuando no se impide ese proceso de curación llevando una vida impropia y siempre que nuestro sistema inmune esté en condiciones).
En suma, procedemos del mar. Es en él donde surgió la primera célula, la célula-madre que dio origen a todos los seres vivos que hoy habitamos el planeta. Ahora bien, ¿y cómo obtuvieron las células la energía que precisaban? Pues de las radiaciones procedentes del sol y del resto del universo. ¿Y el alimento? Pues, sencillamente, del agua de mar en el que flotaban. Porque el agua de mar contiene los 118 elementos de la tabla periódica en su forma orgánica y biodisponible, todoslos que conforman los minerales, los aminoácidos, las proteínas, los ácidos nucleicos, los hidratos de carbono, las grasas, las vitaminas y los gases (oxígeno, hidrógeno y ácido carbónico). Es más, el mar guarda hasta la memoria de la influencia de las vibraciones electromagnéticas, los volcanes marinos y los movimientos cósmicos luego, ¿cómo puede decir alguien en serio que también el agua del mar se puede sintetizar?
Pues bien, toda esa sabiduría y poder que recibió en y del mar la fue grabando la célula en el ADN para después transmitirla a sus descendientes en forma de código genético. Y es que como bien dijo el Dr. Vlés en 1997 “la biología no es otra cosa que la ciencia del agua”.

2ª conexión:los animales terrestres fueron antes marinos.
Está constatado que cuando las aguas comenzaron a descender y aparecieron los continentes algunos animales marinos emigraron a tierra pero mantuvieron su sustrato marino -el agua de mar- en su medio interno. Y esa agua se ha ido heredando generación tras generación. Estamos pues constituidos aún hoy de agua de mar.
Cada uno de nosotros lleva en sus venas un fluido salado que combina el sodio, el potasio y el calcio en una proporción casi igual a la de nuestra propia sangre. Las lágrimas, las secreciones de la nariz, los orines, el sudor y hasta nuestra propia sangre tiene por eso sabor salado.

3º conexión:la salinidad del mar es similar a la de nuestro medio interno.
Cuando apareció la vida en el mar la concentración de sales era del 9%; es decir, de 9 gramos por litro de agua de mar. Y ésa es también la proporción que hay hoy en nuestro medio interno: 9 gramos por litro de sangre. Que es la misma en todos los animales y plantas.
Una similitud que sugiere pues que los seres humanos conservamos una memoria acuática –atávica- de nuestros orígenes, como si fuera una carta de identidad biológica que nos recuerda en cada momento nuestro origen marino.
Hoy se sabe además que el grado de salinidad de mares y océanos no es tan importante como su forma panatómica, idéntica en todos los mares del planeta.

4º conexión:los minerales del mar son los mismos que los de nuestro medio interno.
Todos los minerales existentes en el planeta se hallan en el agua de mar. Los 118 elementos de la tabla periódica elaborada por Mendeleiev en 1834… más los que quedan por descubrir. El 84% son moléculas de sodio y cloro y el 14% de azufre, magnesio, potasio y calcio. Los demás elementos se hallan en el restante 2% por lo que la célula los necesita sólo en muy pequeñas cantidades y de ahí que se les denomine oligoelementos (algunos del orden de 10-18). Podría pues decirse que se encuentran en proporciones homeopáticas.
Obviamente todos esos elementos los aportan el suelo submarino, las costas y las lluvias que arrastran todas las sustancias -vivas y muertas- procedentes del reino vegetal, mineral y animal. Todos terminamos pues volviendo al mar que vuelve a transformar todo lo que recibe en elementos orgánicos, fenómeno que se conoce como biocenósis y llevan a cabo el zooplancton y el fitoplancton. Y es que no es lo mismo tomar un mineral en su estado inorgánico procedente directamente de la tierra que una vez transformado por las plantas y/o digerido por un animal.
Cabe agregar algo muy importante: el agua de mar es el mayor disolvente natural del planeta. Lo confirmó clínicamente el doctor Georges de la Fargué y lo demostró luego en el Congreso Internacional de Talasoterapia celebrado en Cannes en 1957. Disuelve una gran variedad de sólidos, líquidos y gases.
Es más, desactiva toda bacteria patógena e impide su proliferación mientras respeta las bacterias beneficiosas para la vida.


EL AGUA DEL MAR ES UN NUTRIENTE

Llegados a este punto debemos decir que fue René Quinton quien difundió los fundamentos, propiedades y leyes que explican por qué el agua de mar es un auténtico nutriente. De hecho solo con su ingesta salvó miles de vidas, especialmente niños desnutridos que vomitaban toda clase de alimentos. Demostrando que la simple ingesta de agua de mar puede salvar la vida a los millones de niños y adultos que mueren cada año de desnutrición en el mundo. Y es que la desnutrición lleva inexorablemente al déficit de minerales y éste a la acidificación del organismo, causa de la mayoría de las llamadas enfermedades degenerativas y el cáncer.
Un problema que sin embargo se puede resolver en buena parte de las ocasiones ingiriendo simplemente agua de mar y complementándolo con la ingesta de algas -como la espirulina- pero sobre todo de salicornia, una planta muy rica en proteínas que puede plantarse cerca del agua de mar ya que la tolera perfectamente sin que además importe la aridez y sequedad del terreno donde se plante (por desértico que éste sea). De ahí la propuesta de la fundación que hoy me honro en presidir de crear en todo lugar donde haya hambruna “oasis marinos” usando esta planta. Evitarían millones de muertes por desnutrición.
Cabe agregar que también la avitaminosis suele deberse a menudo al déficit de minerales ya que sin éstos las vitaminas no se pueden absorber. Y todos ellos están el agua de mar. Su ingesta asegura además los oligoelementos que el cuerpo necesita y cuya carencia puede dar lugar a muy diversas patologías. Por eso hoy se comercializan elementos-traza en forma de diversas sales (gluconato, pidolato, orotato, etc.) pero utilizando una técnica industrial a base de “ligands” -una especie de cemento- a fin de resolver el problema de la asimilación orgánica… a pesar de lo cual a menudo no se logra atravesar la mucosa intestinal. Con la ingesta de agua de mar en cambio ese riesgo no existe: la absorción en el intestino de los oligoelementos está asegurada.


CLAUDE BERNARD, RENÉ QUINTON Y NUESTRO ACUARIO MARINO

Sería Claude Bernard –considerado el “padre de la Fisiología”- quien descubriría que más de dos terceras partes de nuestro organismo está compuesto de “agua” y así lo expuso en su célebre obra Introducción al estudio de la medicina experimental. Es decir, constató que el agua es la condición primigenia e indispensable para toda manifestación vital. Por eso uno no puede dejar de preguntarse cómo es posible que ello sea ignorado aún por tantos médicos y científicos y se plantee cuándo la arrogancia que precede a la ignorancia en el ámbito del conocimiento va a dejar de ser la gota de agua que no deje ver la grandeza del agua de mar.
¿Hasta cuándo va a permitirse que mueran diez millones de personas cada año por desnutrición cuando la simple ingesta de agua de mar podría salvarles la vida? Que nuestro cuerpo sea en un 70% agua de mar isotónica y la inmensa mayoría de las personas –médicos incluidos- aún no lo sepa es incomprensible.
Y eso que ya Claude Bernard explicó en su día cosas como que…
…el cerebro humano es agua en un 75%.
…la sangre contiene un 78% de agua y un 22 % de elementos sólidos.
…el líquido amniótico en el que flotan los bebés dentro de sus madres es en un 94% agua de mar isotónica.
….al nacer el bebé –cuando “emigra” a tierra- él mismo es agua en un 80% aunque a medida que crezca se vaya “desecando”.
Porque envejecer es sinónimo de desecarse y arrugarse. Nos deshidratamos. Y la deshidratación conduce a menudo al dolor, a la enfermedad y, en algunos casos, a la muerte. De hecho como bien asegura el médico iraní F. Batmanghelidj Batmanghelidj la mayor parte de las enfermedades las causa la carencia crónica de agua. Es decir, son consecuencia de no beber la suficiente cantidad cada día (vea en nuestra web –www.dsalud.com- el artículo que con el título Por qué ingerir poca agua es causa de tantas enfermedades apareció en los números 55 y 56 de la revista).
Entiéndase bien: sin agua no hay vida: Y si el agua es imprescindible para conservar y perpetuar la vida también lo es para crear una nueva vida porque sin agua no hay semen, ni el espermatozoide podría alcanzar al óvulo humano para fecundarlo, ni habría líquido amniótico, ni sangre, ni linfa, ni jugos digestivos, ni orines, ni sudor… Solo que esa agua debe estar limpia, libre de tóxicos. De ahí que para mantener la salud sea imprescindible mantener limpio el líquido extracelular que rodea y baña las células.
Añadiremos que muchas personas piensan –porque interesadamente se les ha hecho creer- que beber de agua de mar es contraproducente o peligroso y nada más alejado de la verdad. La ingesta de agua de mar ni es tóxica ni produce efectos secundarios desagradables. Y no puede transmitir microbios patógenos. Por eso es tan importante tanto para prevenir patologías como para superarlas.
Ahora bien, nuestra agua interna debe estar limpia. Y para eso hay que desintoxicar el organismo a fondo. René Quinton puso un ejemplo muy gráfico al recordarnos que los peces viven alegremente en el agua limpia de acuarios y peceras pero si se deja que se ensucie éstos perderán su vigor y pueden morir. Sin embargo, si se renueva a tiempo el agua su fuerza y vivacidad reaparecen de inmediato. Bueno, pues lo mismo pasa en nuestro “acuario” humano: si lo intoxicamos -toxinas, fármacos, etc.- podemos enfermar e incluso morir.
Hace falta pues un medio interno limpio… y nutrido. Y el agua de mar puede cumplir esa doble función.
Porque el agua de mar es, literalmente, similar a la sangre.
Es más, René Quinton rebatió los postulados de Luis Pasteur. Para éste toda enfermedad es provocada por un microbio patógeno que hay que combatir con un antimicrobiano específico. Para Quinton los gérmenes no son la causa de las enfermedades sino sus consecuencias y defendería que basta proporcionar al organismo agua de mar para que los microbios patógenos desaparezcan.


¿Y POR QUÉ CURA EL AGUA DE MAR? 

Pues el agua de mar es curativa porque como antes dijimos contiene todos los minerales y oligoelementos del planeta en su forma orgánica y es pues fácilmente asimilable. Bastando la ingesta de tres vasitos de agua de mar al día. Sin necesidad de purificarla y obtenida en cualquier lugar del mundo y no en lugares concretos. Beberla a diario tiene de hecho un impacto terapéutico considerable puesto que la mayoría de las enfermedades cursan con desequilibrio electrolítico -es decir, con pérdida de minerales- y el agua de mar los repone en la proporción exacta que el organismo necesita.
En suma, el agua de mar nos asegura el aporte de los minerales y ello la asimilación de las vitaminas que a su vez son necesarias para que tengamos enzimas. Sin olvidar que la limpieza del medio interno nos asegura la regeneración celular. Y tal es en realidad el objetivo de todas las terapias de la medicina, tanto de la convencional como de la alternativa.
Por si fuera poco el agua de mar, dada la cantidad de ADN que contiene, transmite a las células la información de los orígenes, la que las generó pero en la forma más pura: la original. Sin desnaturalizaciones ni “mutaciones”. Lo explicó bien en su libro Cómo prolongar la vida el ruso Alexandre Bogomoletz: "La renovación periódica y permanente del medio interior lo rejuvenece".
Y es que no hay enfermedades sino enfermos. La enfermedad no es más que la incapacidad del organismo para restablecer el equilibrio homeostático.


EL PORQUÉ DE UN OASIS MARINO

Finalizo explicando que las razones de proponer construir oasis marinos son pues fáciles de entender:

1) Permite nutrir a cualquier persona hambrienta y ayudar a otras muchas a recuperar la salud.
2) El coste es muy pequeño ya que sólo se requiere agua de mar y plantas halófilas -como la salicornia- que ¡pueden ser regadas con ella! así como los medios para hacer un sencillo canal hasta el oasis artificialmente creado.
3) El oasis marino terminaría siendo en realidad un manglar cuyas hojas servirían para alimentar tanto a los animales salvajes de la zona como ganado doméstico que estaría a salvo de enfermedades ya que podría ser tratado en caso de necesidad con bolas de sal integral o de agua de mar evitando así la aparición de las garrapatas que transmiten la piroplasmosis y la anaplasmosis, patologías que hoy diezman al ganado.
4) Los oasis marinos contribuirían al enfriamiento del planeta puesto que por cada hectárea de desierto que se forestara se obtendrían unas 10 toneladas de CO2 cuyo bióxido de carbono se fijaría en el suelo enriqueciéndolo. Es más, muchos desiertos podrían ser convertidos en grandes zonas verdes. Y si alguien lo duda sepa que ya en la Universidadde Pisa se han cultivado tomates regados sólo con agua de mar que además poseen propiedades antioxidantes y anticancerígenasque no poseen los tomates regados con agua dulce.

En definitiva, los oasis marinos no sólo podrían contribuir a acabar con la hambruna en el mundo y ayudar a sanar a muchos enfermos sino a alimentar ganado, a enriquecer los suelos, a dotar de mejores propiedades a algunas plantas y frutas, a convertir zonas desérticas en vergeles y a contribuir a enfriar el planeta. Además, obviamente, de devolver la dignidad y la alegría de vivir a muchos de los seres humanos que pueblan hoy el Tercer Mundo. Y todo ello con una inversión mínima.

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